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martes, 17 de agosto de 2010

¿Por qué leo a Hernán Rivera Letelier?

Porque es capaz de describir con una belleza sublime tanto el acto amoroso, el sonido de una trompeta o el jaraneo de un grupo de músicos en un puterío de principios de siglo. Porque hace que a diario anhele el viaje en metro para sumerjirme en sus parajes.
Aquí una muestra:

"Le daba la impresión de que su amante peregrino sabía hallarle el pezón al pezón, el lóbulo al lóbulo, la piel a la piel, y que lo hacía todo con sabiduría extrema, usando sólo la yema de sus yemas. En ese viboreante nudo de corrupción, todos los órganos de su cuerpo vibraban, palpitaban, se encogían y dilataban como los filamentos sensibles de una planta submarina. Cuando el bárbaro de la trompeta decidió polinizarla, sintió que se hundía sin remedio y se agarró con uñas y dientes a los huiros de su pecho. Junto con sentir la implosión de una luna caliente en sus entrañas, su cerebro estalló en una girándula de los más ardientes versos de amor leídos en las noches del internado..."

lunes, 20 de julio de 2009

Chocolate


"Hay una especia de alquimia en la transformación del tosco chocolate en esa especie de sabio oro falso , una magia de andar por casa que hasta mi madre habría sabido apreciar. Mientras trabajo se me van aclarando las ideas y respiro profundamente...La mezcla de perfumes del chocolate, la vainilla, el cobre caliente y el cinamono provoca mareo, está cargada de sugestiones, trasminte ese deje duro y terrenal de las Américas, el aroma caliente y resinoso del bosque tropical."


Chocolate, Joanne Harris


En una antigua tienda de libros usados encontré entre libros de temas variados esta hermosa novela de Joanne Harris, Chocolate.


La novela está plagada de hermosos relatos como este, que son perfectos para las frías tardes del invierno santiaguino. Los aromas, los colores y los sabores de Chocolate, hacen que del libro se sientan, se huelan, se saboreen, gracias a la maravillosa descripción del placer de comer o beber un chocolate bien preparado.


Por esto, corrí el viernes a mi casa y me preparé un chocolate caliente, soñandome en La Céleste Praline en la que Vianne Roche revoluciona un pequeño pueblo, conversando hasta tarde con los gitanos, tomando chococcino al lado del fuego.